Sentadito el niño en el umbral... pispea de reojo la plaza. Hamacas, tobogán, carrusel... Imagina sus manos, rodillas y codos teñidos, de color barro.
Mientras la lluvia lo invita a chapotear...
Mientras la lluvia lo invita a chapotear...
Cruzando la acera, huele a libertad su calle…
y su sonrisa se ilumina como un ardiente fanal.
En algún rincón de nosotros siempre sonríe ese niño.
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